sábado, 10 de noviembre de 2018

Historia de Abraham

Abraham nació hace unos 4000 años en Ur pero vivía en Jarán (Mesopotamia)donde había emigrado con sus padres. En aquella época, los pastores eran nómadas, es decir, se desplazaban de un lugar a otro buscando la tierra de buenos pastos para sus rebaños.
Estaba casado con Sara, pero no tenía hijos porque ella era estéril. No tener hijos se consideraba una gran desgracia, era como una maldición.

Entonces las religiones eran politeístas y se practicaba el rito de sacrificar el primer hijo y ofrecérselo a los dioses para conseguir su protección








lunes, 22 de octubre de 2018

Las parábolas del Evangelio 3º

El Paraiso

La Creación

La Creación

Crucigrama

  
Pulsa en el número y por encima del crucigrama te saldrán las pistas horizontales y verticales y el hueco donde debes colocar la respuesta correspondiente. A continuación pulsa intro y la palabra se colocará en la cuadrícula. Si no es correcta no se colocará.
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domingo, 30 de septiembre de 2018

El zapatero remendón.


El zapatero remendón

Un zapatero se pasaba el día entero cantando. Era maravilloso verle trabajar mientras entonaba sus canciones.

En cambio, su vecino, un financiero cargado de oro, jamás encontraba un momento para cantar.
Un día, el financiero, asombrado por el constante buen humor de su vecino, le hizo venir a su casa:
-        Bien Gregorio, ¿cuánto gana usted?
-        A veces más y a veces menos; lo malo es que hay días en que es forzoso no trabajar. Las fiestas nos arruinan, pero el señor cura siempre está diciendo lo mismo.
-        Mire, Gregorio. Tenga estos cien ducados y guárdelos para un caso de necesidad.
Muy contento llegó a su casa y buscó un lugar seguro para su tesoro.
Decidió enterrarlo en el sótano. Pero lo que no sabía el pobre remendón era que al enterrar su dinero había enterrado también su alegría.

Ya no se oía cantar al zapatero; su trabajo le rendía menos, pues estaba muerto de sueño, ya que se pasaba las noches pensando en su dinero. Los vecinos se preguntaban asombrados a dónde habían ido a parar sus canciones.

Un día se levantó, cogió la bolsa y se fue a casa del financiero.- Señor -le dijo -, le estoy muy agradecido por el favor que quiso hacerme, pero prefiero que me devuelva mis canciones y mi sueño tranquilo, y quédese con sus cien ducados de oro.
Al día siguiente volvió a oírse cantar al buen zapatero.

1. El amor al prójimo